INFLAMACIÓN Y ENVEJECIMIENTO: UNA VISIÓN GENÉTICA

INFLAMACIÓN Y ENVEJECIMIENTO: UNA VISIÓN GENÉTICA

Envejecer es un proceso natural, pero no todas las personas envejecen de la misma manera. Mientras algunas llegan a edades avanzadas con buena salud y autonomía, otras desarrollan antes enfermedades crónicas, fragilidad o deterioro funcional. En los últimos años, la investigación biomédica ha identificado un fenómeno clave que ayuda a explicar estas diferencias: la inflamación crónica de bajo grado asociada al envejecimiento, conocida como inflammaging.

Este estado inflamatorio persistente no suele producir síntomas evidentes, pero actúa silenciosamente durante años, favoreciendo la aparición de enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas, metabólicas y oncológicas. La pregunta es inevitable: ¿por qué algunas personas desarrollan más inflamación con la edad que otras?

La respuesta, en gran medida, está en la genética. Nuestro ADN influye en cómo se activa el sistema inmunitario, cómo se regula la inflamación y cómo el organismo responde al daño celular acumulado con el paso del tiempo.

Qué es la inflamación y por qué es necesaria

La inflamación es un mecanismo esencial de defensa. Ante una infección o una lesión, el sistema inmunitario activa una respuesta inflamatoria para eliminar el daño y reparar los tejidos. En condiciones normales, esta respuesta es aguda y transitoria: se activa cuando es necesaria y se apaga una vez cumplida su función.

El problema surge cuando la inflamación deja de ser puntual y se mantiene activa de forma crónica. En el contexto del envejecimiento, esta inflamación persistente suele ser de baja intensidad, pero constante. No provoca fiebre ni dolor agudo, pero genera un entorno biológico que favorece el daño celular progresivo.

Inflammaging: cuando el sistema inmune envejece

El término inflammaging describe precisamente esta inflamación crónica asociada al envejecimiento. Se caracteriza por niveles ligeramente elevados, pero sostenidos, de marcadores inflamatorios como citoquinas, quimiocinas y proteínas de fase aguda.

Con el paso de los años, el sistema inmunitario experimenta cambios profundos. Por un lado, pierde eficacia frente a infecciones nuevas (inmunosenescencia) y, por otro, aumenta la producción basal de señales inflamatorias. Esta combinación crea un desequilibrio que acelera el envejecimiento biológico.

La genética juega un papel fundamental en este proceso, ya que regula tanto la activación como la resolución de la inflamación.

Genes que influyen en la inflamación asociada al envejecimiento

INFLAMACIÓN Y ENVEJECIMIENTO: UNA VISIÓN GENÉTICA

Numerosos estudios han identificado variantes genéticas que modulan la respuesta inflamatoria y condicionan cómo envejecemos.

Algunos genes regulan la producción de citoquinas proinflamatorias, como interleucinas y factores de necrosis tumoral. Variantes que favorecen una mayor producción basal de estas moléculas se asocian a un estado inflamatorio más intenso y persistente con la edad.

Otros genes participan en las vías antiinflamatorias, encargadas de frenar la respuesta una vez que ya no es necesaria. Cuando estas vías son menos eficientes, la inflamación tiende a prolongarse.

También existen genes implicados en la reparación del ADN, la eliminación de células dañadas (senescencia celular) y la regulación del estrés oxidativo. Alteraciones en estos procesos aumentan la liberación de señales inflamatorias y refuerzan el círculo vicioso del inflammaging.

Inflamación, genética y enfermedades relacionadas con la edad

La inflamación crónica de bajo grado actúa como un terreno fértil para muchas enfermedades asociadas al envejecimiento.

En el sistema cardiovascular, favorece la aterosclerosis y el endurecimiento de las arterias. En el metabolismo, contribuye a la resistencia a la insulina y al desarrollo de diabetes tipo 2. En el cerebro, se asocia a un mayor riesgo de deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas.

Desde el punto de vista genético, las personas con variantes que predisponen a una inflamación más intensa tienen mayor probabilidad de desarrollar estas patologías a edades más tempranas o con mayor gravedad. Esto explica, en parte, por qué individuos con estilos de vida similares pueden presentar trayectorias de envejecimiento tan diferentes.

El papel de la epigenética: genes que se activan o se silencian

La genética no actúa sola. La epigenética introduce una capa adicional de regulación que conecta los genes con el entorno. Factores como la dieta, el ejercicio, el estrés o la exposición a contaminantes pueden modificar la forma en que los genes inflamatorios se expresan.

Por ejemplo, el estrés crónico puede activar de manera sostenida genes proinflamatorios, mientras que una dieta rica en fibra, antioxidantes y ácidos grasos saludables puede favorecer la activación de rutas antiinflamatorias.

Esto significa que, aunque exista una predisposición genética a la inflamación, el estilo de vida puede modular significativamente su impacto. Envejecer con menor carga inflamatoria es, en parte, una interacción entre ADN y hábitos.

Por qué algunas personas envejecen mejor que otras

Las personas que envejecen de forma saludable suelen presentar una combinación de factores protectores:

-Variantes genéticas que limitan la inflamación crónica,

-Sistemas eficientes de reparación celular,

-Respuesta inmunitaria más equilibrada,

-Entorno epigenético favorable.

Estudios en personas centenarias han mostrado que muchas de ellas poseen perfiles genéticos asociados a una inflamación controlada, incluso en edades muy avanzadas. No se trata de ausencia de inflamación, sino de una mejor regulación de la misma.

INFLAMACIÓN Y ENVEJECIMIENTO: UNA VISIÓN GENÉTICA

El valor del estudio genético en el envejecimiento saludable

Comprender la predisposición genética a la inflamación abre nuevas oportunidades en medicina preventiva. Analizar variantes relacionadas con la respuesta inflamatoria, el estrés oxidativo o la senescencia celular permite identificar perfiles de mayor riesgo y actuar antes de que aparezcan las enfermedades.

En Lorgen, el análisis genético aplicado al envejecimiento y a la salud integral permite contextualizar estos riesgos y ofrecer una visión personalizada del proceso de envejecimiento. Integrar la información genética con datos clínicos y de estilo de vida ayuda a diseñar estrategias más ajustadas para promover un envejecimiento saludable.

Hacia una medicina personalizada del envejecimiento

La investigación actual apunta hacia un modelo de medicina en el que el envejecimiento no se aborda solo cuando aparecen las enfermedades, sino de forma anticipada. La genética y la epigenética permiten identificar puntos débiles y fortalezas individuales mucho antes de que se manifiesten clínicamente.

En este contexto, la inflamación se convierte en una diana clave: comprender por qué se activa, cómo se regula y qué genes están implicados es fundamental para intervenir de manera temprana y eficaz.

Conclusión

La inflamación es uno de los grandes motores del envejecimiento biológico, y la genética desempeña un papel clave en cómo se activa y se regula a lo largo de la vida. Comprender esta interacción permite explicar por qué algunas personas envejecen con más salud que otras y abre la puerta a estrategias preventivas basadas en la medicina personalizada.

En Lorgen, la integración de genética, clínica y prevención permite avanzar hacia un modelo de envejecimiento más consciente, informado y saludable, donde el objetivo no es solo vivir más años, sino vivirlos con mejor calidad.

 

Laboratorio Lorgen Genética y Proteómica.

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿La inflamación siempre es negativa?
No. La inflamación es esencial para defendernos y reparar tejidos. El problema es cuando se mantiene activa de forma crónica y desregulada.

¿Todas las personas desarrollan inflammaging?
En mayor o menor medida, sí. Sin embargo, la intensidad y el impacto dependen de factores genéticos, epigenéticos y ambientales.

¿Se puede medir la inflamación asociada al envejecimiento?
Existen marcadores inflamatorios en sangre que ofrecen información indirecta, pero la genética ayuda a comprender la predisposición de base.

¿Un estudio genético puede predecir cómo voy a envejecer?
No de forma absoluta, pero sí puede identificar riesgos y orientar estrategias preventivas personalizadas.

¿El estilo de vida puede compensar una predisposición genética a la inflamación?
En muchos casos, sí. La epigenética demuestra que los hábitos influyen de forma directa en la expresión de genes inflamatorios.